14 dic. 2012

In memoriam

   El próximo jueves, día 20 de diciembre, a las  19.30 horas se celebrará en la parroquia de Cristo Rey, una misa en sufragio de Angelita Moreno, voluntaria del Banco de Alimentos Medina Azahara, ofrecida por sus compañeros de voluntariado y amigos.
Angelita estuvo al "pie del cañón" hasta el mismo día anterior a su fallecimiento, ocupándose de la centralita telefónica del Banco de Alimentos, y su muerte, ocurrida en plena campaña de la Gran Recogida, ha causado una honda impresión en la totalidad de los voluntarios y voluntarias pues Angelita no solo estuvo como voluntaria de esta ONG desde su inicio, sino que su humanidad y generosidad ha estado presente a lo largo de todos estos años.
Entre los muchos testimonio recibidos reproducimos a continuación el aparecido en la prensa local:

 

DIARIO CÓRDOBA
Martes, 4 de diciembre del 2012
IN MEMORIAM
Angelita Moreno Furriel
Femando Jiménez Hernández-Pinzón
De la Real Academia.  Córdoba

 
   Puedo testificar, como testigo privilegiado de los cuarenta últimos años de su vida, que estaba preparada y honradamente dispuesta para lo que en la mañana del pasado día 30 (otoñal y lluvioso) fue para nosotros noticia inesperada, aturdida y sorprendente: que Angelita Moreno se nos fue para siempre.

   Se fue "sin ser notada", "por la secreta escala" de la muerte (que hubiera podido decir San Juan de la Cruz). Un ser puro, un alma transparente, que no conocía sentimientos adversos hacia nadie. Generosa y entregada, que hasta el día anterior dio su tiempo, su interés y su esfuerzo, igual que todas las mañanas, prestando su servicio solidario en el Banco de Alimentos.

   Toda ella transparentaba bondad, generosidad, nobleza, complacencia, cariño.

   En la más reciente de las conversaciones que sosteníamos semanalmente en mi consulta, recuerdo haber mencionado -sin dramatismo, hasta con el sutil tono de humor con que abordábamos el tema- un concepto de la filosofía india sobre nuestra condición mortal: que cuando nos llegue la hora y nos toque la muerte con sus dedos helados, no logrará destruirnos, que solamente nos dejará invisibles.

   Así la siento ahora: cercana, como todos los días desde hace cuarenta años, sonriente, dispuesta, prodigando el abrazo y los besos sonoros en cada encuentro y en cada despedida, sin pudor para la expresión abierta y verbalizada de su cariño.

   Si, como viejo profesor, tuviera que poner una nota calificatoria de la calidad de su persona, no dudaría en ponerle sobresaliente "cum laude" en humanidad; y destacaría de su perfil humano la fidelidad y lealtad a la amistad. Tengo la seguridad de que todas las amigas y amigos, igual que sus sobrinos y familiares (a quienes desde aquí les reitero mi abrazo más sentido y condolido), todos los que hoy disfrutamos de su "presencia invisible" para siempre, acordarían conmigo concederle a Angelita el Premio de nuestra Gratitud más sincera por su fidelidad bondadosa y firme hacia cada una y cada uno de nosotros, sin excepción.

   Y que todos podemos hacer nuestra desde ahora, con reconocimiento emocionado, aquellas palabras que en ocasión semejante pronunció el poeta Pablo Neruda: "Hemos entregado a las sombras a un ser
resplandeciente que nos regalaba una estrella cada mañana".

   Nos queda el consuelo de que, ya para siempre, podremos sabo rear en el alma aquel sabor espiritual que reconocieron los viejos epicúreos: "Dulce es el recuerdo del verdadero amigo, cuando ha muerto".

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